Tejer ha sido parte de mi vida desde siempre
Tenía apenas seis años cuando empecé a jugar con agujas, crochet y lanas. Con el tiempo, tejer dejó de ser solo un juego para convertirse en una pasión que siempre me ha acompañado.
En 2016, ya viviendo en Barcelona, una fotografía cambió mi manera de entender el tejido. En una revista vi a una modelo llevando un anillo tejido en metal. Me fascinó. Quería entender cómo se había creado aquella pieza, así que le pedí a mi marido que pelara un cable y extrajera el cobre de su interior. Lo cogí entre mis manos y probé a tejerlo.
Y pude hacerlo.
A partir de aquel momento comenzó un camino de experimentación: diferentes hilos, grosores, técnicas, formas y calidades. Poco a poco descubrí que los diseños aparecían en mi cabeza con una naturalidad sorprendente. Era como volver a sentir la misma fascinación que tenía por el tejido cuando era niña, pero con un material completamente nuevo.
Hoy sigo explorando las posibilidades del metal porque siento que este oficio no tiene techo. Como la música o la cocina, siempre existe una nueva forma, una nueva combinación, algo que todavía no ha sido creado.
Cada pieza que hago nace de mis manos, pero también de esa búsqueda constante. Me entusiasma crearla, verla tomar forma y descubrir hasta dónde puedo llegar.
Agradezco haber encontrado aquella fotografía. Entonces todavía no sabía todo lo que llevaba dentro.